martes, 9 de mayo de 2017

ES LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA (LOL)



                                                      Conjurado el peligro de un nuevo asalto a los cielos, esta vez en el corazón de Europa, nos preparamos para que... todo siga igual.
 
Los grandes estadistas europeos nos advierten de que la única salida a esta pérdida de credibilidad de las instituciones europeas y del propio concepto de la UE en sí misma es "¡Más Europa, más Europa!", mientras respiran aliviados porque los incomodos mensajes de Le Pen se diluyen y pasan a un segundo plano de la realidad mediática.
 
Todo sigue igual, derrumbándose, pero a salvo.

Recordemos que al día siguiente de unas elecciones, los siempre ponderados analistas políticos insisten una y otra vez y repiten los mantras habituales, frases tan recurrentes como vacías. Son los asideros a los que agarrarnos cuando hemos sufrido un tropiezo... "El pueblo es soberano" "El pueblo ha hablado" "El pueblo nunca se equivoca" "Es la fiesta de la democracia" son algunos ejemplos de esas frases manidas y casi siempre fariseas pero que nos hacen sentir un poco mejor, más seguros, más tranquilos, porque sabemos que cuando escuchamos esas frases todo va a seguir igual. Y la continuidad ofrece seguridad, y ésta, sosiego.
 
Pero...¿De verdad el pueblo nunca se equivoca?
Depende. Sociológicamente, España no ha cambiado mucho desde que Ortega dijera aquello de que en nuestra piel de toro -y nunca mejor traído- de cada 10 cabezas, nueve embisten y una piensa. Sí, es verdad que ahora todos tenemos smartphones, existen youtubers por doquier y muchos restaurantes españoles lucen una o más estrellas Michelín. Todos viajamos en avión, en AVE incluso, presumimos todo lo que podemos de nuestras vidas en las redes sociales en un obsceno ejercicio de escaparatismo vital, y hasta creemos que tenemos derecho a todo, y como tal, así lo exigimos.

Pero en lo esencial, España sigue siendo el país que retrataba ese mismo Ortega en su "España invertebrada" y nada hace pensar que ahora estemos mejor preparados cultural e intelectualmente para señalar con mayor acierto a quienes han de gobernarnos.
 
En los últimos años hay ejemplos muy conspicuos de resultados electorales que "no han salido según lo previsto" y pareciera que ese mismo pueblo soberano que nunca se equivoca ha decidido, en un rapto suicida, pegarse un tiro en el pie. Es entonces cuando esos mismos sesudos analistas callan y cuando gana Donald Trump en USA, ya no repiten las acartonadas frases-asidero. Ya ni el pueblo es soberano ni ha sido la fiesta de la democracia. Ha sido un bluff.

Pero hay casos mucho más trágicos de pueblos que encumbran a un salvador que a posteriori se transmuta en el ogro goyesco que devora a sus hijos. Y no es necesario viajar en el tiempo y llegar a la república de Weimar para observar cómo se revelan incontables los casos de elecciones que finalmente resultan letales para el pueblo que estaba "llamado a las urnas"-sic-.
 
Al fín y al cabo, el historiador Jim Powell nos recordaba que "Las dictaduras son a menudo inesperadas. Han surgido en pueblos prósperos, educados y sofisticados que parecían estar lejos de llegar a una dictadura"
 
Y así llegamos a la necesidad de comprender cómo hemos llegado hasta aquí y por qué...
Estoy convencido que las razones deben ser muchas y complejas, pero haciendo uso de la teoría de Ockham, dejémonos llevar plácidamente de la mano del reduccionismo y la simplicidad...
Europa lleva varias décadas escuchando siempre la misma música; la música impuesta por los adalides de un buenismo hasta cierto punto necesario que ha empapado todos los estamentos de la sociedad. Desde prácticamente todos los medios de comunicación generalistas, oenegés, organismos e instituciones públicas europeas y nacionales se han venido glosando insistentemente la necesidad y las bondades del multiculturalismo, la globalización y el mestizaje.
 
Y naturalmente que tenemos mucho que agradecer a esos cientos de miles, millones de "refugiados económicos" que han venido a España buscando una oportunidad para salir adelante, muchas veces realizando trabajos que a los "nacionales" nos cuesta aceptar. Mucho tenemos que agradecerles. Y creo sinceramente que la mayoría de estos inmigrantes "de buena voluntad" han encontrado su sitio en nuestra sociedad.
 
Pero con el tiempo han ido apareciendo también una serie de externalidades y derivadas no deseadas como consecuencia de años de permeabilidad en las fronteras nacionales y de efectos llamada en ocasiones irresponsables. Pero al efecto llamada no sólo respondieron gentes honestas y trabajadoras; también llegaron hordas de delincuentes, bandas criminales organizadas y hasta mafias que encontraron rápido acomodo en nuestra sociedad y en nuestros sistemas judiciales y penitenciario.
También se nos ha llamado una y otra vez a facilitar la integración de los inmigrantes, incluso adaptando a sus particularidades nuestros usos y costumbres. Porque debemos aceptarlos y tolerar todo lo que traigan y hagan, naturalmente que sí.
Hasta que hemos visto que no todo es aceptable ni tolerable, que muchas de sus costumbres no tienen cabida en nuestra sociedad ni en nuestro código penal. Y también todos, en mayor o menor medida hemos visto casos de abuso, a veces fomentados por nuestras propias instituciones, porque muchos inmigrantes no tenían ánimo ninguno de integrarse en nuestra sociedad más allá de beneficiarse de nuestro estado de bienestar y de cuantas prestaciones, ayudas, subsidios y subvenciones pudieran recibir. 
 
 Y si todas estas circunstancias están deviniendo en problemas de encaje y de convivencia en España, mucho más y desde mucho antes lo son en países allende los pirineos, donde la población inmigrante supera de lejos a la nuestra.
 
Y para enrarecer aún más la situación aparece en los últimos lustros el fenómeno del fanatismo religioso y el terrorismo, dando la sensación de que estamos dando cobijo a extremistas, que odian nuestra cultura, nuestra sociedad, nuestra civilización, en definitiva, y que alentados desde los púlpitos religiosos islamistas de la propia Europa, están dispuestos a todo con tal de manifestar su odio hacia las sociedades que les han acogido, y de paso ganarse el paraíso. Así pues la sopa está ya en la mesa, y vemos como desde hace años han ido surgiendo por toda Europa y USA partidos políticos y movimientos sociales con claros tintes racistas y xenófobos como respuesta a todos estos "problemas de convivencia" que en ocasiones desde los medios públicos se intentan minimizar e incluso ocultar, lo cual resulta aún más irritante.
Es ciertamente complicado que estos partidos políticos de nuevo cuño e ideología ultraconservadora lleguen a gobernar en países con democracias consolidadas -reconozcámoslo, lo ocurrido con Trump es una anomalía en todos los sentidos-  porque, tal como acabamos de ver en Francia, cuando la partida se juega entre dos, tales extremismos encuentran rápidamente un techo, quizá de cristal en el futuro, cierto, pero hoy por hoy en apariencia irrompible.
Y en otros sistemas electorales donde intervienen todos los partidos e ideologías, pueden llegar a ganar las elecciones, pero harto difícil será que encuentren los apoyos necesarios para llegar a gobernar. 
Sin embargo, estamos también observando cómo el auge de tales partidos aún sin llegar a formar gobiernos, están teniendo rápida respuesta ideológica en otros partidos que sí están en condiciones de llegar a gobernar, y que asumen y digieren sin mayor exabrupto parte del ideario ultra, aunque sólo fuera como estrategia puramente electoralista.

No es necesario que recordemos el viejo retruécano marxista sobre las ideologías, no de Karl, sino de Groucho.
 

miércoles, 20 de abril de 2016

LA NO TAN SANTA INQUISICION


        


                       Resulta paradójico observar cómo a lo largo de la historia han surgido organismos, instituciones y hasta países que han elegido nombres para presumir precisamente de lo que no eran. Cuando un país se llama a sí mismo "democrático" es mejor no visitarlo, estoy pensando por ejemplo en la extinta República Democrática Alemana, tan democrática como la República Democrática del Congo. La Santa inquisición creo que resultaría otro buen ejemplo. Pocas cosas más tan viles y menos santas que la inquisición podemos encontrar en la Iglesia en estos 2000 años de historia.
 
De alguna extraña forma los modos y métodos inquisitoriales, convenientemente edulcorados y revestidos con el barniz de la modernidad y la progresía, nunca han dejado de actuar y resulta imposible vivir completamente ajenos a sus dictados.
Al fin y al cabo presumimos de todo lo que se puede presumir en las redes sociales, perfectamente sometidos a su servidumbre y evitamos que salgan en los selfies que nos hacemos las cadenas que nos atan y las pesadas bolas de modernos presidiarios que arrastramos.  


En realidad pareciera que los inquisidores nunca han llegado a desaparecer del todo, más bien en absoluto, con la diferencia que ahora les elegimos democráticamente para que nos tutelen, orienten y corrijan. Y que para justificar sus puestos funcionariales, sus centros de trabajo, departamentos, presupuestos y hasta ministerios, tienen que ofrecer algún signo de actividad. 
Desconozco completamente cuánto nos costó a los españoles el ministerio de igualdad que creó Zapatero y que lideró la que sigue siendo desde entonces la ministra más joven de nuestra breve historia democrática, Bibiana Aido. También desconozco si el conjunto de políticas que se impulsaron desde ese ministerio han valido para algo, quiero pensar que sí.
Aquella fue la ministra de "los miembros y las miembras" y de la igualdad de todos y todas por orden ministerial, retorciendo el sentido común hasta el disparate.


Y por lo visto, en la Junta de Andalucía siguen pensando que merece la pena gastar el dinero público en sostener un cuerpo inquisitorial que nos diga a todos y todas cómo debemos expresarnos y qué palabras son adecuadas y por tanto se pueden usar y cuáles no.
Pero en esta ocasión han ido un poco más lejos y no se quedan en meras sugerencias o recomendaciones, sino que son de obligado cumplimiento y de no ser observadas en los ámbitos públicos se amenaza con la delación y la multa, y para ello se ha creado un cuerpo de inspectores lingüísticos que supuestamente vigilarán en colegios, institutos, universidades etc la observancia de tales normas, al más puro estilo catalán.
Así, desde la junta nos obligan a decir "el funcionariado" en vez de "funcionarios"; no existen ya los becarios, sino las "personas becarias" También han desaparecido "los andaluces" en favor de "la población andaluza"... Y sigue la lista con otros ejemplos igualmente previsibles... "la infancia" por "los niños", la "tutoría" por "los tutores", y por supuesto, "la ciudadanía" por "los ciudadanos". Se ve que la fórmula de "ciudadanos y ciudadanas" etc no acaba de cuajar entre la población silvestre. Y así ad infinitum a mayor gloria de Don Ramón María del Valle Inclán.   


Todo esto no dejaría de ser una risible y carísima ocurrencia más de los poderes públicos si no fuera  porque Andalucía ha sido declarada recientemente por EUROSTAT -algo así como el Instituto Nacional de Estadística pero a nivel Europeo- como la región con la tasa de desempleo y el índice de subdesarrollo más elevados de toda Europa, dándose la circunstancia de ser esta región española la única Comunidad Autónoma de todo el país que no ha conocido más gobierno que el socialista en todos estos años de democracia.


Como para seguir gastándonos los dineros de la ciudadanía en estos asuntos. Y como para seguir escuchando a PSanchez decir día sí día también que quiere liderar un "gobierno de progreso". Progreso.

domingo, 10 de enero de 2016

EL FRENESÍ DEL SR.SANCHEZ

Resulta muy llamativo y desde luego revelador el frenesí con el que el candidato socialista se ha lanzado a “explorar” la posibilidad de formar gobierno.
En realidad, vemos que no se trataría ni siquiera de formar una gran coalición de izquierdas, sino más bien de una gran coalición anti PP. Da igual quién se sume al pacto anti PP y cuál sea su ideología, lo importante es que sume contra el Partido Popular.

Así las cosas, a estas alturas no me cabe duda que PSanchez, aún desoyendo a una mayoría “sensata” compuesta básicamente por los pesos pesados de su propio partido, será capaz de intentarlo. Será cuando la expresión “la unión de perdedores desbanca al ganador” cobre mayor… ¿sentido?

PSanchez ha conducido a su partido a los peores resultados de la historia, por debajo de los 100 escaños, perforando el suelo “logrado” por  Almunia en las generales de 2000 con 125 diputados. En aquel caso, el candidato socialista no tardó en asumir la responsabilidad del fracaso y dimitió de todos sus cargos en el PSOE, eso sí, para encontrar rápido encaje en la Comisión Europea, que a día de hoy preside.
Lejos de seguir su ejemplo, PSanchez se ha lanzado a una enloquecida carrera contra su propio destino, sabedor de que sólo presidiendo un eventual gobierno de izquierdas, podría esquivar el lugar que la infrahistoria socialista le tiene reservado: La trituradora, la papelera de reciclaje, la nada. El trastero de los horrores donde acumulan polvo los retratos de la pasionaria, de Marx, de Mao, Ceaucescu, Castro..

Busca alianzas con ultraizquierdistas, antisistema, filoterroristas, independentistas… lo que sea menester con tal de eludir su responsabilidad ante tan pobre resultado, anteponiendo de la manera más grosera y dañina posible su interés personal al general.
Obviamente a este candidato parece darle igual España y los españoles, buscando a toda costa presidir un gobierno que sería cualquier cosa menos estable y por supuesto, beneficioso para la mayoría. A cualquier precio. Da igual lo que cueste meterle con calzador en los libros de la ESO, lo pagamos entre todos.

Y es posible que lo consiga. No sabemos cuál sería el precio que tendríamos que pagar los españoles de soportar tal “gobierno”, pero sí cuál sería el que pagaría el PSOE: Su definitiva desaparición. Ese debe ser el dilema de PSanchez; conducir a España al caos o asumir ser apartado a escobazos de la infrahistoria política de los últimos años en el PSOE.

Así, este candidato parece empeñado en continuar la concienzuda labor de autodestrucción que comenzó con gran tino y empeño su predecesor, Zapatero. El solito, en su paroxismo de chifladuras, demoliciones y voladuras incontroladas consiguió –bueno, solito del todo no, bien acompañado por la muy poco gloriosa generación del “pápa, flipa que man hecho ministr@” lo que ningún dirigente popular se hubiera si quiera atrevido a imaginar en sus ensoñaciones más húmedas; hacer fosfatina a su propio partido; triturarlo. Lo penoso fue que no sólo condujo con gran habilidad al desastre a su propia organización; hizo exactamente lo mismo con el conjunto de los españoles. La ruina, el bochorno y el descrédito internacional.
De los dirigentes hispanoamericanos que cometieron el error de acercarse a él, ya han fallecido dos –el comandante Chavez y el poco fotogénico Ernesto Kirchner- y otros tantos han acabado en la escombrera de la historia; Lula Da Silva, con un pie en el presidio por corrupción política y supuestos delitos económicos, la señora “K", viuda negra de Ernesto y, más recientemente, Nicolás Maduro, que muy posiblemente también acabe sus días en un penal norteamericano condenado por narcotráfico y pertenencia a organización criminal internacional. Este es el precio que ha de pagar quien osa estrechar la mano de Zapatero, tan destructivo es su gafe.  
 

Y ahora no nos queda más que esperar, pero ya nos podemos fijar en lo que ha sucedido en Cataluña: Para evitar nuevas elecciones Artur Mas ha "cedido" la presidencia del parlamento autonómico catalán a un señor que no hace mucho proclamó su prioridad; "expulsar al invasor de los países catalanes". -Sic-
Y este señor es al que todos deben referirse como "molt honorable". Tan honorable como el pajarraco -urraca- de Pujol y su sucesor Mas, qué duda cabe.

domingo, 13 de diciembre de 2015

VOLVER A LA TIERRA EN CADA GESTO -BREVE ELOGIO DE LO SENCILLO-

 
 
Nunca el ser humano en toda su andadura por la historia estuvo más lejos de la tierra. Y nunca sintió mayor desapego por su terruño, sus animales, sus plantas, sus ríos y sus valles, sus noches estrelladas, su rocío y su escarcha, su viento, sus nubes y su lluvia. El milagro inexplicable de un pomelo.

Nos protegemos de todos esos elementos, que son precisamente los que nos dan la vida, nos ocultamos de ellos y los ignoramos, tanto que en las grandes ciudades apenas se pueden contar tres o cuatro estrellas y la naturaleza llega tan matizada a sus habitantes que poco o nada saben de ella.
 
Pero es la tierra la que nos regala, con el esfuerzo de quien la trabaja, milagros como una mandarina, un repollo o una lechuga de hoja de roble. Es la tierra la que sustenta a todos los animales que luego aparecen presentados asépticamente en los lineales del supermercado, descuartizados. Porque aquí el concepto de sinergia desaparece completamente en favor de la productividad y del beneficio económico. Y en detrimento de la vida misma de los animales sacrificados.
 
Del cerdo se aprovecha absolutamente todo, qué duda cabe, salvo el cerdo en sí mismo.
 
Vivimos de espalda a la naturaleza ignorando que somos parte de ella, que la vida no brota en las cámaras frigoríficas, que el agua no mana de botellas de sugerentes nombres comerciales y que el cielo es algo más que parte de un decorado.
 
Yo vuelvo a tumbarme sobre los graníticos canchales de las sierras, y siento en mi piel el pálpito del mundo y el calor de sus entrañas.
Camino descalzo y comprendo un poco mejor la manera en la que Dios nos habla.  
Abrazo a un olmo, y a una encina, y a un olivo. Y me inclino ante la majestuosidad de un brote de menta.

Declaro la importancia de lo sencillo y llano. Requiero el cobijo del cielo y busco abrigo entre las peñas. Me gusta el olor de la tierra mojada, del centeno y el trigo, de la cebada, del pan recién hecho, de una colada entre dos palos, de un cubo lleno de aceitunas recién vareadas y de un castillo de arena.
 
Y mejor que nos vayamos acostumbrando al olor de la tierra, y que nos vaya gustando, porque más pronto que tarde todos volveremos a ella. Como escribían los romanos en los enterramientos de los seres amados, "Sit tibi terra levis".

martes, 22 de septiembre de 2015

LO QUE DE VERDAD IMPORTA

Hace unas semanas tuve la oportunidad de asistir a un congreso organizado por la fundación "Lo que de verdad importa". Habitualmente esta fundación organiza "eventos" para altos directivos en los que se explican en un acto plagado de guiños pretendidamente cómplices, anécdotas más o menos creíbles y simpáticas y curiosidades varias, historias de superación y "éxito" que ayuden a los asistentes a ser más permeables a valores como el compañerismo, la generosidad, la lealtad, la autenticidad, la satisfacción por el trabajo bien hecho y por supuesto, no puede faltar en estas charlas la cooperación, el trabajo en equipo y la capacidad de delegar funciones y responsabilidades. Ah, y el compromiso con la empresa.
 
Estos temas son ya clásicos y recurrentes en este tipo de charlas que habitualmente protagonizan glorias más o menos conocidas del mundo del deporte y por las que cobran cantidades muy importantes. Luego, las empresas que pagan la asistencia a este tipo de actos pueden presumir públicamente de dar una formación integral "humana y en valores" a sus directivos, lo cual les ayudará a tener, qué duda cabe, una mejor imagen. Gana pasta el ponente, gana pasta la empresa -fundaciones con nombres sugerentes, normalmente- que organiza y vende el "evento" y la empresa que lo compra mejora su imagen, lo que le ayudará a vender más. 
Los directivos pasan un rato ajenos a las obligaciones y exigencias diarias del trabajo, comparten unos chascarrillos, unos bostezos y unos emparedados. Y todos contentos.
 
En concreto, el ponente que a mi me tocó había sido un escalador profesional. El paralelismo entre el equipo directivo y la cordada era inevitable. Si uno se cae arrastra a todos los demas, tenemos que apoyarnos unos a otros, hacernos las cosas más fáciles, despejar y superar obstáculos para así poder lograr entre todos y con un esfuerzo común y coordinado, la cumbre. La cima, el non plus ultra. El éxito. El éxtasis.        
 
Pero regresando al lodazal de las almas mortales, vemos que se ha descubierto un nuevo pastel. Esta vez protagonizado nada menos que por VW...
Ya sabemos que en USA, la Agencia de Protección Medioambiental no es una mera institución donde colocar a cadáveres políticos y amigos otrora influyentes agradeciéndoles los favores recibidos.  El fraude es de proporciones enormes, tan colosal como la multa a la que se enfrenta el fabricante; 18.000 Millones de dólares. Y es que según denuncia la EPA, el fabricante alemán había diseñado un software específico que gestionaba su centralita electrónica de tal manera que cuando el coche era sometido a un análisis de emisiones de gases, el coche se comportaba ejemplarmente y mantenía las emisiones a raya, pudiendo así superar el test cumpliendo con la exigente normativa americana al respecto. Una vez que la centralita detectaba que ya no se encontraba en "modo test", pasaba a un funcionamiento mucho menos comedido con las emisiones, incumpliéndolas por amplio margen, lo cual otorgaba al motor una mayor alegría de la que poder también presumir. Un engaño sofisticado que afecta a las centralitas de 482.000 coches diésel VW y Audi y que supuso invertir una considerable cantidad de recursos en programar estas centralitas para que actuaran de la forma deseada por el fabricante.
 
Personalmente me gustan bastante las campañas de publicidad de estas dos marcas. Transmiten con fidelidad la imagen que quieren que tengamos de sus coches y envuelven al posible cliente en un conjunto de sensaciones placenteras y deseables. Desde el atractivo de la juventud y la belleza hasta el éxito profesional, pasando obviamente por el seductor diseño y el placer de conducir tan sofisticadas máquinas. Pero en los últimos lustros se ha sumado un argumento de ventas igualmente potente que se ha hecho imprescindible y está prácticamente presente en toda la publicidad: la responsabilidad medioambiental. Ser "eco-friendly", cuidadoso con el entorno y declarar públicamente la guerra al archicacareado calentamiento global, vende.
 
Para eso pagan verdaderas fortunas a las agencias de comunicación. Da igual cómo sea yo de verdad; lo importante es lo que piensen los demás, y para ello invierto lo que haga falta en ofrecer y proyectar esa imagen que me haga más atractivo a los ojos de los consumidores. Y así me comprarán más fácilmente.
Hace 20 ó 30 años los argumentos de venta eran distintos, entonces hablaban de prestaciones, de aceleración, de velocidad punta. Era lo que vendía. Y si lo que pudiera ayudar a vender un producto ahora fuera su fuerte carácter prerafaelita, pues las marcas no tendrían ningun empacho a la hora de declararse prerafaelita de toda la vida, como el que más.
Porque no nos olvidemos, de lo que se trata es de vender. Por encima, ya lo vemos, de cualquier otra consideración.  
Lo hemos visto ya varias veces en este blog, en entradas como esta que habla del fraude contra la libre competencia y los consumidores cometido por Cepsa y Repsol o en esta otra que trata sobre el engaño masivo de los productores españoles de azafrán.
A los directivos y consejeros delegados de VW les importa muy poco o quizá nada el medio ambiente, como tampoco les importamos los consumidores excepto a la hora de comprar sus vehículos. Lo que de verdad les importa es la cuenta de resultados, las ventas. Hay que vender más, y a toda costa. Porque sólo así podrán seguir manteniendo sus enormes privilegios, su estatus incuestionable: Sus viajes, sus dietas, sus lujos, sus putas, sus comilonas, sus vacaciones a todo trapo, sus barcos, sus cuentas opacas en Ginebra o en Belice, sus pensiones y jubilaciones de escándalo. Esto es lo que de verdad importa.
 
Todo lo demás, tonterías.  

martes, 28 de julio de 2015

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DE ALGUNAS PALABRAS

 
 

"El pueblo ha hablado". "El pueblo nunca se equivoca". "El pueblo es soberano". "Es la fiesta de la democracia"...
Son sólo frases hechas, tópicos, lugares comunes, sentencias repetidas como mantras desde los poderes públicos para que "el pueblo", muy permeable a este tipo de asertos categóricos y de fácil asimilación, se regocije y contemple desde la autocomplacencia y la satisfacción de su relevancia, lo importante que es su participación cada vez que "es llamado a las urnas".  
Es el momento cumbre de la fiesta, el instante en que el ciudadano cobra un verdadero protagonismo y en un lance irrepetible, emite su voto: El presidente de la mesa electoral correspondiente deja libre la ranura por la que el sobre con la papeleta dentro se habrá de deslizar hasta mezclarse finalmente con un montón de sobres más.
Y en ese momento mágico, único e irrepetible triunfa el bien común. O no...

Recordemos unos versos del "Nocturno" de Rafael Alberti...

Las palabras entonces no sirven, son palabras...
manifiestos, escritos, comentario, discursos
humaredas perdidas, neblinas espantadas
qué dolor de papeles que ha de llevar el viento
que tristeza de tinta que ha de borrar el agua
Las palabras entonces no sirven, son palabras...
Siento esta noche heridas de muerte las palabras

De cuán inútiles pueden llegar a ser las palabras -esas mismas palabras que sirven para hacer promesas- lo saben bien los griegos, que "fueron llamados a las urnas" en un improvisado referéndum. El presidente del Gobierno griego, Tsiripas, quería descargarse la responsabilidad de adoptar una decisión u otra, dejando reposar tal peso sobre las espaldas de los ciudadanos, que como bien sabemos, nunca se equivocan cuando hablan, cuando emiten su veredicto. Pues bien, para sorpresa de todos, Tsiripas el primero, el resultado claro y diáfano del referéndum fue el rechazo a Europa y sus "políticas austericidas y terroristas", según el mismo partido del Gobierno había dicho. 
El 61% de los votos emitidos dijo "NO" a Merkel, "NO" a Europa, frente al 39% que dijeron "SI". Un resultado contundente que no dejaba lugar a la duda ni a las interpretaciones. Ni a dobles lecturas.
Y así lo vendieron Varoufakis y el mismo Tsiripas; un triunfo de "la dignidad del pueblo heleno" frente a la troika "y sus políticas asesinas". El pueblo griego había hablado y había elegido "la dignidad". La gente se lanzó eufórica a la calle para escenificar el triunfo de la soberanía, de la voluntad del pueblo sobre las presiones inadmisibles de aquellos que les habían prestado dinero y a los que estaban defraudando. En estos mismos y exaltados términos se expresaron los líderes populistas y/o comunistas internacionales, los inevitables Cristina Fernández de Kirchner, Maduro, Correa, Morales etc. Pero poco habría de durar el triunfo de la dignidad y de la soberanía de los pueblos sobre la miserable Troika.

Como decía, ni el mismo Tsiripas se esperaba tal resultado... Sabía que su pueblo estaba abocado a acabar cediendo a las imposiciones de Europa -al fín y al cabo, el que paga es el que suele poner las condiciones- y pensó que "la ciudadanía" se acabaría inclinando por un resignado "SI". Su plan entonces era, una vez asumido como inevitable el resultado del referéndum, dimitir, pues no formaba parte de su programa esa cesión ante la intransigencia europea.

Yo dimito, cumplo con lo prometido, me mantengo muy digno y muy coherente con mi ideario, y aquí paz y después gloria.
Pero fueron más de 20 puntos de diferencia los que le obligaban a seguir al frente al gobierno heleno.
Y es aquí, apenas unos días después, cuando cobra sentido, una vez más, el Nocturno de Alberti. Porque todo queda en neblinas espantadas. 

Más o menos como cuando Felipe González, ante el dilema de permanecer o no en la OTAN, "llamó a las urnas" a los españoles para que fueran ellos quienes decidieran. Porque su planteamiento lo había dejado previamente muy claro; "OTAN, de entrada, NO".  
Pero, "curiosamente" acabó haciendo campaña por la permanencia.
Tan fue así que la pregunta que se planteaba en el referéndum al pueblo soberano parecía que intentaba dirigir el voto hacia el "SI"...  

El Gobierno considera conveniente, para los intereses nacionales, que España permanezca en la Alianza Atlántica, y acuerda que dicha permanencia se establezca en los siguientes términos:
     
  • 1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada.
  • 2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español.
  • 3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España.

¿Considera conveniente para España permanecer en la Alianza Atlántica en los términos acordados por el Gobierno de la Nación?

La verdad es que leída la pregunta en cuestión, tal cual fue formulada por el Gobierno del PSOE hace 30 años, produce cierto sonrojo... Como si el propio gobierno socialista pensara que quizá el pueblo no debía ser tan soberano ni tan sabio y convenía dirigir su respuesta hacia donde se pretendía llegar. Una forma de decir... "El pueblo es soberano y nunca yerra cuando habla, pero por si acaso yo me encargo de "orientarle" para que acabe diciendo soberanamente lo que debe decir".
Y para tranquilidad de FG, lo dijo; un 52% se pronunció a favor de permanecer en la OTAN frente a un 40 que prefería salir de esta estructura militar.

Ejemplos de elecciones de todo tipo que han llevado al desastre al pueblo soberano que nunca se equivoca al hablar inequívocamente en esa fiesta de la democracia, hay por desgracia muchos, pero quizá podamos encontrar su epítome en las elecciones que encumbraron a Adolf Hitler en Marzo de 1933; lo que ocurrió después todos lo sabemos: El mayor espanto y horror, la mayor de las atrocidades de toda la historia de la humanidad...

Al fín y al cabo el "pueblo soberano" no es un ente que piense ni actúe armónica ni coordinadamente por si mismo, ni goza de la misma infalibilidad que el Santo Pontífice romano; está formado por un conjunto de voluntades individuales que están sometidas a la manipulación y, en última instancia, al error.  

Más recientemente, hay que destacar que Eurostat -algo así como el Instituto de Estadística Europeo- ha publicado datos relevantes de 2014... De todos ellos destaca que Andalucía es la región de Europa con la tasa de paro más alta de todo el continente, nada menos que el 38,4% de la población activa. La región de Europa con la tasa de paro más alta de todo el continente... Casi nada.  

En el lado opuesto se encuentra la región alemana de Oberbayern, con una tasa de paro del 2,5%.  
Se da la circunstancia muy llamativa de que esta Comunidad Autónoma es la única de toda España que no ha conocido la alternancia política; no ha conocido más gobiernos que los del PSOE. El pueblo soberano les vota elección democrática tras elección democrática. Ellos traen paro, subdesarrollo y corrupción institucionalizada y el pueblo soberano se lo premia votándoles una y otra vez de forma mayoritaria. ¿Cómo se puede explicar?

Aún así es un consuelo saber que el pueblo nunca se equivoca; es la fiesta de la democracia.
 
 

  

sábado, 21 de marzo de 2015

UNA GRAN MENTIRA (MAS)

En esta entrada de hoy voy a hablar particularmente de dos grandes -por el tamaño- empresas españolas que recientemente se han visto envueltas en un asunto muy turbio que hubieran deseado evitar que trascendiera. De hecho me consta que hubieran pagado casi cualquier cifra y hubiertan hecho casi cualquier cosa con tal de que tan tumefacto asunto nunca hubiera visto la luz, ya que daña seriamente la imagen que el ciudadano -perdón; consumidor- tiene de ellas.
Lo importante, lo de verdad relevante es la imagen que tenemos que las empresas, y este aspecto, a esas empresas, les importa mucho, por eso la cuidan con mimo y esmero. Y con mentiras, muchas mentiras. Y es que la ecuación es sencilla, demasiado sencilla como para que se les escape alguna de las variables a sus directivos y consejeros delegados: Mala imagen= Menos ventas. Buena imagen= Más ventas. Menos ventas supone problemas, trabajo, dudas, reuniones, toma de decisiones difíciles, menos prebendas, menos privilegios, menos ventajas. Más ventas supone todo lo contrario. ¿No es diabólicamente sencillo?
 
Así pues hay que mejorar la percepción que de la compañía tiene el gran público a toda costa. ¿Cómo? Gastando el dineral que extraen a estos mismos ciudadanos-vacas para poder seguir sacándoles dinero, a ser posible en mayor cantidad, en el futuro inmediato.
Y así lo hacemos; vamos voluntariamente a cualquier estación de servicio de BP, Repsol o Cepsa y cuando hacemos el gesto de meter la manguera en el depósito en realidad lo que estamos haciendo es conectarnos a nuestras ubres monetarias los sacaleches industriales con los que esta empresas nos ordeñan a diario.
 
Es fundamental por tanto que tengamos una buena imagen de estas empresas para que nos puedan seguir ordeñando delicadamente, de forma casi indolora, y para ello necesitan anestesiarnos con carísimas campañas de publicidad que encargan a las correspondientes agencias que se dedican a esto de sugerir, animar, incentivar, sugestionar y engañar. Así, aprendemos que la verdadera razón de la existencia de estas compañías somos nosotros, que se esfuerzan por nosotros, que se desvelan por nosotros, que nos miman, nos quieren, nos cuidan, nos protegen, piensan en nosotros y lo hacen todo por nosotros.
 
Nos dicen que cuidan el medio ambiente, que piensan en el planeta, que lo más importante para ellos es la satisfacción del cliente... cualquier mentira vale con tal de seguir vendiéndonos sus productos al precio más alto posible. Porque todo lo anterior es, sencillamente mentira, todo lo anterior es mierrrrrrda pura, porque no les importamos una mierrrrrda más que a la hora de pasar por caja. Sólo les importamos en la medida que somos su fuente de ingresos, su particular gallina de los huevos de oro.  
Sabemos lo que de verdad importa a esta gente: Sus tarjetitas black,  purple or yellow, sus comilonas, sus chanchullos, sus pensiones y jubilaciones más que doradas, sus dietas, sus corruptelas, sus comisiones, sus formas de presionar y corromper al gobierno de turno para que legisle a su favor.
 
Esto es lo que de verdad les importa; sus prebendas, ventajas y privilegios. Lo único que de verdad les importa es la cuenta de resultados, porque de esas cifras mágicas es de donde van a sacar todos su grasiento asado, su tajada. Y todo esto a costa de engañar al consumidor, de estafarle, como recientemente ha salido a la luz...
Nuestro querida y casi siempre inoperativa -también ellos deben sufrir terribles "presiones"- Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia -a partir de ahora CNMC- acaba de multar a estas tres compañías -que nadie se arremoline, lleve las manos a la cabeza o acalore, hace pocos días hizo lo propio con importantísimas y muy responsables con el medio ambiente empresas distribuidoras de leche- por pactar e imponer precios a su propia red de distribuidores. Las multas son de 5M€ en el caso de Repsol, 1,8 para Cepsa y de 1,1M€ para BP.
En definitiva, nada. Porque estas empresas que tanto miran por nosotros prefieren seguir pagando multa tras multa y cometer cuantas prácticas ilícitas y contrarias a las leyes que amparan la libre competencia y el libre mercado crean oportunas para continuar exprimiendo al consumidor hasta la extenuación.
¿Y qué hay de la Responsabilidad Social Corporativa -RSC- de las grandes empresas como estas?
En la mayoría de los casos es una milonga más, una herramienta más de marketing -de hecho en la mayoría de las compañías la RSC se engloba dentro del capítulo de Marketing y Comunicación- para que tales empresas puedan "presumir" y alardear oportunamente ante la sociedad de lo muy comprometidas que están con sus propios trabajadores, el medio ambiente, la sostenibilidad -menudo mantra- y el desarrollo de actividades que redunden finalmente en beneficio del bien común. Una vez más voy a decir que todo esto es pura pantomima, y que si todas estas empresas tan bien intencionadas no supieran que finalmente van a mejorar su cuenta de resultados gracias a aparentar que están realmente comprometidas con la sociedad, no invertirían ni un euro en este capítulo.
 
Exactamente lo mismo que sucede con las fundaciones que en muchas ocasiones todas estas grandes compañías crean. Si no pudieran utilizar estas fundaciones como meros escaparates publicitarios tampoco gastarían un solo céntimo en toda esta mascarada. Lo positivo de todo esto es que, aunque el fín de todas estas acciones y teatrillos sean tan execrable como el propio afán de lucro y el engaño, las conquistas en este terreno que, sí, es cierto, finalmente repercuten y revierten positivamente en beneficio de la sociedad, no son en absoluto desdeñables. 
 
Así que yo tengo que pediros a todos, ubres andantes, que la próxima vez que vayáis a repostar, os lo penséis dos veces antes de pasar por un surtidor de estas compañías. Acudiendo siempre a la más barata -dentro de lo posible y razonable- que nos ofrezca garantías vamos a potenciar la competencia y esto siempre redundará en lo que esta gente tanto odia; que las distintas distribuidoras se esfuercen por ofrecer a los clientes el mejor producto y servicio al mejor precio.